10 de setembre, 2006

Los primeros días en el Ohtemae

Bueno, ya vuelvo a estar aquí. Siento haberos hecho esperar, pero es que si escribo muy a menudo en el blog pierdo tiempo y no me pasan cosas interesantes, por lo tanto luego no tengo nada que contar, por lo tanto no escribo nada y por lo tanto os enfadáis.

En fin, hace dos fines de semana fui a Kyoto por la mañana con mis hostparents. Ese día tenía mucho sueño, ya que la noche anterior me había ido a dormir tarde después de haber estado escribiendo el email a mi familia que luego traducí y puse en este nuestro blog. Primero fuimos a ver el Kinkaku-ji, y es realmente IM-PRE-SIO-NAN-TE. Nada que ver con las fotos que hayáis podido ver. Después fuimos a visitar el Sanzen-in, un jinja/shrine que se encuentra apartado de la ciudad, pero que vale la pena visitar, sí señor. Se encuentra en un entorno natural muy tranquilo, muy relajante (salvo por los insectos, que siempre estan gritándome, y todo porque soy inmigrante, qué maleducados). Aprendí nombres en japonés de muchos insectos, los olvidé ipsofactus, y más tarde fuimos a comer a un restaurante donde comí mi primer tenpura-soba (no sabía ni que existía tal mezcla). Por la tarde fuimos a ver el Ginkaku-ji, el templo de plata que tiene de todo menos plata. Sinceramente, éste sí que es más bonito en fotografía, ya que se ve muy viejo y atrotinat cuando lo tienes enfrente. Pero claro, habiendo visto el Kinkaku-ji, es normal que este me supiese a poco. Aunque bueno, creo que no me habría ido de Kyôto tranquilo sin haberlo visitado y fotografiado. Finalmente fuimos a visitar el Kiyomizu-dera, un templo que nunca me había llamado la atención, pero que me gustó bastante. Se ve que es un templo donde la gente (la gente friki = la gente japonesa) se iba a suicidar, por estar bastante elevado. Entonces se puso a llover y a tronar y volvimos a casa, sin haber pasado por el barrio de Gion como teníamos previsto... snif

El día siguiente fui con Seisuke (otôsan para los amigos, digo, para mí) a Shinsaibashi a comprar un teléfono móvil y un diccionario electrónico. Fuimos a una tienda de Vodafone (que ahora se llamará Softbank, qué cutre) que hay en un centro comercial enorme bajo tierra. ¡Ahora entiendo por qué se compara la sociedad japonesa con la de las hormigas! No sólo trabajan mucho y hacen las cosas de manera extremádamente e inútilmente ordenada: ¡también hacen vida bajo tierra! Aunque realmente, con el calor que hace, donde se está mejor es ahí abajo con los aires acondicionados a tope. En fin, cuando salimos al mundo exterior, Seisuke me estuvo enseñando la zona, que es magnífica. El cangrejo (kani dôraku), el fugu, el edificio del centro comercial Don Quijote (X'DDDDDD), el muñeco ese que me da tanta rabia tocando el tambor... Paraditas de takoyaki (metcha oishii!), gente joven, tiendecitas por todas partes, edificios altos, follón, estrés... ¡Me encanta! Antes de venir al paese del Sol Levante creía que quizás habría sido mejor que me hubiese tocado ir a Kyôto, pero ahora veo que allí quizás me habría aburrido, ya que es una ciudad demasiado tranquila, demasiado poco urbana para mí.

La semana siguiente estuve yendo al instituto solamente por la mañana.

La escuela me impresionó. En muchos sentidos. En clase, al igual que en España, hay dos tipos de alumnos. En España hay el alumno que escucha al profesor y el alumno que charla. En Japón hay el alumno que escucha al profesor y el alumno que duerme. Se me hace rarísimo el hecho que haya silencio perpetuo mientras el profesor habla... Luego, el tema de la pasta. El Ohtemae tiene aire acondicionado en todas las aulas, y se pueden permitir alquilar 35 o 40 kotos para que los alumnos lo aprendan a tocar un poco. Sí, en clase de música estuvimos practicando el mítico Sakura con el Koto! Desgraciadamente, ya hicimos el examen y hemos cambiado de tema (ahora vamos a cantar Oh happy day, que no está nada mal, tampoco). Bueno, también puedo remarcar otras clases. Educación Física es una clase para masocas, uséase, japoneses. ¡Si es que todo lo tienen que hacer a lo bestia! Estuvimos haciendo natación, deporte que solamente había practicado con mi estilo canino. Fue realmente duro, así que el próximo día, antes de ir a clase, me beberé una bebida isotónica. O tres. Además, el profesor és el típico japonés que va a comer cada día a restaurantes especiales para luchadores de sumô (aunque es judôka), habla como un yakuza (con la rolled R y tal), y cuando grita da miedo de verdad. Los alumnos le han puesto un mote que yo encuentro bastante acertado, y es gorrila. Es un secreto, pero vaya, a mi parecer no es más que una broma inocente.

En cuanto al ambiente de clase, los primeros días, como es normal, estaba más perdido que Sergi en un baño japonés. Todavía no me había soltado con el idioma, así que me costaba un poco relacionarme (porque además los japoneses saben mucho inglés, pero no lo saben usar). Al cabo de un par de días, y sobretodo después del festival de la cultura, donde hice un speech delante de todo el instituto con el que, además de presentarme, conté dos experiencias embarazosas (comer nattô y dar dos besos sin querer a una japa que me esperaba en Narita, ya ves tú), me hice bastante popular entre los alumnos. La verdad es que mi intención era hacer un speech ameno, gracioso, pero no tenía intención que llegase al punto de humorístico, aunque la verdad es que me alegró que se rieran tanto (pero ya os digo, tampoco era para tanto). Así pues, ahora tengo muchos amigos y amigas, y todavía me paran japas por los pasillos para pedirme que me haga una foto con ellas (ya os digo, son muy frikis).

Bueno, domingo pasado (sí, domingo, ¿qué pasa?) fue el bunkasai, el festival de cultura del instituto. Mi clase se encargó de hacer y vender takoyaki, y bueno, acabé con dolor de cabeza (entre el sol, el calor, la humedad, la plancha de los takoyaki...). Aun así, estuve muy contento, porque me lo pasé de maravilla. El miércoles fue el festival del deporte, y no fue tan duro como me pensaba, gracias en gran parte a las enormes nubes que eclipsaban el sol naciente y ardiente. Oh, hacía fresquito y todo. Aun así, sigo creyendo que es absurdo no ir a clase por la tarde con la excusa de que hace mucho calor (aun teniendo aire acondicionado) y sin embargo celebrar el festival del deporte al aire libre y a principios de septiembre. Bueno, yo sólo participé a estirar la cuerda (y perdimos :P), aunque tanto a Mathias como a mí nos habría encantado participar en la guerra de caballos. ¡Nos hartamos a reír viendo los porrazos que se daban entre ellos! Durante el rato que no hice deporte (vamos, el 95% del tiempo que duró el festival) estuve charlando con Mathias, con Tomoko y con Haruka básicamente, y la verdad es que no me aburrí. Por la noche fuimos casi todos los de mi clase a cenar a un restaurante. Es curioso como siempre se separan chicos y chicas. Bueno, además de cenar, estuvimos haciendo "bullying" (no creo que se pueda considerar bullying, pero bueno XD) al otaku de la clase, Teshimax (se llama Teshima, pero como no le gusta que le llamemos Teshimax, pues le llamamos Teshimax, claro). En fin, la cena fue agradable, aproveché para integrarme más en el grupo, y comí bastante bien. Por cierto, cada día de clase llevo un obentô que Misato (okaasan) me prepara, y siempre consiste en arroz y algo más. Si entre ese "algo más" hay algo que no me acaba de gustar, no tengo más que ofrecérselo a mis compañeros de clase, que se lo comen sin pudor alguno. Son como el perro que nunca tuve.

Ah!, me gustaría contar algunas cosas curiosas/graciosas/interesantes (omoshiroi, vamos) sobre las clases. En clase de química las gafas son de tamaño estándar japonés, es decir, que acabo con mi narizota hecha polvo. En matemáticas, no tienen sólo el problema de que la letra q y el número 9 se confunden al escribir: ambos carácteres se pronuncian "kyuu"! En inglés no-oral tenemos el típico profesor guay que sólo conoce los topicazos de cada país. Además, me hace pronunciar a mí las palabras, como si yo fuera nativo. Y no es sólo eso: además (va en serio), me preguntó cuántos habitantes hay en España y, en oír la respuesta, dedujo que en España hay 40 millones de personas que hablan inglés español. Le tengo que preguntar si realmente sabe que aquí hay muchos idiomas pero que precisamente el inglés no es uno de ellos, porque realmente parece un poco... Bueno, es igual.

Bueno, el día 7 de septiembre fue mi cumpleños, así que ya tengo 17 años. Fue una suerte que el jueves fuese fiesta, por ser el día de después del festival del deporte, ya que así pudimos invitar a cenar a Mathias y a los Kimoto a casa. Comimos una especie de arroz rojo, cangrejo, fideos picantes, sashimi, un pescado muy majo que el mismo Seisuke pescó... Todo muy rico. Mathias trajo un bizcocho típico austríaco (sinceramente, es igual que el bizcocho de mi madre, y que yo sepa no ha estado nunca en Austria XD), muy bueno, y nos lo zampamos entre todos. Realmente no me puedo quejar por los regalos. Además del dinero que ya había recibido de mi familia antes de partir rumbo a Japón, recibí un libro en japonés para niños de Mathias (sabía que quería uno, y aprovechó para comprármelo), unas galletas riquísimas hechas por su hermana (bueno, su hostsister), un jinbei de los Kimoto, una camiseta y una toalla de los Hanshin Tigers de mi host-family y, finalmente, un set de shodô GUAPÍSIMO del padre de Misato, ojiisan. Realmente lo estoy guardando como si fuese un tesoro. ¡Muchas gracias a todos ellos! Danke Schön! Doumo arigatou gozaimashita!

Finalmente, ayer quedé con Mathias y con Hlin (la chica islandesa) en la estación de Tennôji para ir al festival de la cultura del colegio de Paulina, la chica polaca, el instituto Sumiyoshi. Llegamos allí en tranvía, y nos estaba esperando su host-mother. Llegamos al instituto y nos reencontramos con Paulina. Nos estuvo enseñando el instituto, probamos la comida de todas las paraditas que había, visitamos las tiendas que habían montado (Hlin, Mathias y yo nos compramos un peluche de bol de arroz y un monedero muy friki por 10 yens, a ver si pongo una foto), jugamos y ganamos a aquel juego de pescar bolas, y también hicimos tiro al blanco con gomas de pollo. Fue muy divertido, realmente fue una mañana magnífica. También conocimos a los profesores de inglés, y a otro estudiante europeo (sueco) de nuestra edad, que se estará en Japón durante un año (pagando, eso sí). Siempre hace gracia conocer a extrangeros. Bueno, puedo decir que estoy muy contento de estudiar en el Otemae, ya que, comparándolo con el Sumiyoshi, está más limpio que... Está mucho más limpio y me gusta más, vamos. Por la tarde nos despedimos de Paulina y de Joel (el sueco), y fuimos Hlin, Mathias y yo a dar una vuelta por Tennôji. Subimos a la montaña rusa, paseamos por el parque, charlamos (me encanta todo lo que Hlin nos cuenta sobre Islandia)... ...y bueno, pasamos el rato. A la hora de cenar volvimos todos hacia nuestras respectivas casas. Espero poder volver a ver a Hlin, a Paulina y a Joel, porque son muy muy buena gente, y siempre me lo paso muy bien con ellos.

Bueno, pues hoy tampoco os podréis quejar, ¿eh?

¡Hasta la próxima!

Sergi

5 comentaris:

buchan ha dit...

Hey!!!
Qué bueno el post ... tienes una cierta ironía mordaz que hace super interesante el leer tus impresiones de Japón.

Sigue disfrutándolo y contandonoslo!!!!

Luis y Laura ha dit...

Me alegro de ver que sigues escribiendo. Anda que no me das envidia con todas esas historietas sobre Japón (pero sana, eh? :PPPPP)

Un abrazote!
Luis

Sergi ha dit...

Merci por leeroslo! (Huh, odio estos teclados japoneses...)

Robo ha dit...

A que joden las teclas de cambio de escritura que están apelotonadas a la izquierda de la barra espaciadora y otras mandangas así? X'DDDD

Sergi ha dit...

A la derecha, yし、絵sォ食え間s目ふぁsちぢあ

Jajajajaja! Te juro que no lo he hecho a posta!!! Decia, a la derecha, y si, es lo que mas me fastidia. No me gusta esta barra tan corta.